Fealdad Imaginaria o Trastorno Dismórfico Corporal

Es algo natural y sano cuidar nuestra apariencia para sentirnos a gusto con nosotros mismos. Muchas veces, no estamos completamente satisfechos con nuestra apariencia y nos gustaría cambiar algún aspecto. Sin embargo, son pequeñas preocupaciones y no nos afectan en nuestro día a día ni ocupan nuestros pensamientos. Pero para otras personas sí. Estas preocupaciones y pensamientos pueden ser extremos hasta el punto de vivir obsesionados con cualquier pequeño “defecto”. Es tal la atención que enfocan a esta imperfección – muchas veces imaginarias o pequeñas- que viven preocupados  por ello e interfiere en sus relaciones interpersonales y en su autoestima. Estas personas padecen Trastorno Dismórfico Corporal, o fealdad imaginaria.

¿Qué es la fealdad imaginaria o Trastorno Dismórfico Corporal?

Es una condición relativa a las obsesiones que surgen periódicamente en los pensamientos de la persona. Se llama también fealdad imaginaria porque los aspectos por los que se preocupan son tan pequeños que pueden ser incluso imperceptibles a ojos de los demás. Sin embargo, para estas personas con TDC es tan excesiva la preocupación que llega a interferir en las relaciones interpersonales, en sus actividades diarias, en su bienestar y en la exposición de su cuerpo.

¿Cómo puede el TDC afectar la vida de una persona?

Las personas con el Trastorno Dismórfico Corporal centran tanta atención en las pequeñas imperfecciones o pequeños defectos, que acaban distorsionando la realidad y, en sus mentes, acaban agrandándolos. Estas obsesiones sobre la apariencia llegan a atormentar a la persona y son difíciles de ignorar, provocando una baja autoestima y un constante malestar psicológico que marca sus actividades cotidianas.

Como consecuencia, estas preocupaciones derivan en comportamientos periódicos: mirarse al espejo constantemente, analizar su aspecto o encontrar distintas formas de maquillarse para taparse el “defecto”. En casos más extremos, estas personas prefieren encerrarse en casa sin salir para evitar comentarios ajenos que puedan ofenderles. En otros casos, incluso, piden ayuda a cirujanos plásticos o dermatólogos para cambiar esas imperfecciones. Esto, desde luego, no cambia nada ya que el problema del TDC es que es psicológico y no físico. Al cambiar esa “imperfección”, centran el problema en otra parte del cuerpo, e incluso siguen preocupados por cómo ha quedado la que han intentado modificar, a pesar que el entorno considere que está bien, generando insatisfacción y frustración. Y empieza así un círculo vicioso. Cuando consiguen tapar o eliminar esa imperfección se sienten aliviados, pero es un alivio a corto plazo. Creen que la solución está en corregir su apariencia en vez de sus pensamientos.

Por esto, es fundamental que la persona, en vez de evitar y huir, sea consciente de que son creencias distorsionadas. El TDC o Fealdad Imaginaria se puede eliminar con tratamientos psicológicos que, mediante la Terapia Cognitivo Conductual, la persona  consigue disminuir estas preocupaciones, mejorar sus relaciones interpersonales, disminuir la ansiedad y aumentar su autoestima.

 

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