Alicia Gómez, paciente de Clínicas Origen (Cáceres) nos cuenta su historia

«Igual que existe la adicción al alcohol y las drogas; existe la adicción a la comida y yo la tenía». 

Empecé mi tratamiento de pérdida de peso porque me sentía realmente hundida. Siempre me ha encantado bailar, pero ya no bailaba, no hacía nada. Me quedaba viendo la televisión, jugando a la play hasta las 3 de la mañana. Pensar en hacer cualquier otra cosa me parecía un esfuerzo sobrehumano. 

No quería salir de casa porque sentía que  la gente me veía tan gorda como yo me sentía. Me encontraba mal por dentro, y no sabía cómo solucionarlo. Me encontraba en un agujero muy profundo que me impedía ver lo bonita y maravillosa que es la vida.

Mi madre se dio cuenta de que algo no estaba bien. Había empezado a engordar mucho,  comía para sentirme bien y no sabía cómo ayudarme. Un día pasó por delante de la Clínica Dorsia de Cáceres, entró para preguntar por un tratamiento de pérdida de peso que incluyera un psicólogo y  eso fue lo que encontró: 

  • Nutricionista.
  • Psicólogo.
  • Aparatología.

Nunca olvidaré el primer día que entré a la clínica. María, la asesora me dijo:

«Aquí vamos a conseguir cualquier objetivo que te propongas porque no nos rendimos jamás». 

Comencé el tratamiento con Laura, mi psicóloga. Una de las primeras cosas que hicimos fue hacer un test para valorar el estado de salud mental en el que me encontraba en ese momento: «depresión moderada». Ese día en el camino hacia mi casa desde la clínica, comencé a llorar. Sabía que estaba mal, pero nunca había imaginado que lo estaba tanto. 

Teníamos que mejorar y por eso Laura y yo comenzamos el  «contacto 0 con la comida basura». Yo estaba acostumbrada a pedir comida fuera de casa prácticamente todos los días, pero lo peor venía el fin de semana. Pusimos de manera estratégica la cita los viernes, esto me daba fuerzas y motivación para  «vencer» la tentación de que saliera mi peor yo.

Otra de las cosas que trabajamos fue aprender a ser «asertiva». El trabajo comienza en ser consciente de cuando estoy empezando a alterarme, para poder distanciarme emocionalmente de la situación e incluso de la conversación y tenerla en otro momento en la que pueda abordarla desde la tranquilidad.  He aprendido a decir aquello que necesito sin herir a las personas que quiero. También he aprendido a relajar mi cuerpo y  mente.  

Hubo momentos en los que pensaba darme por vencida. Cuando se lo conté a mi responsable de seguimiento me dijo: 

«¿No me digas que te vas a rendir ahora?»

Y no lo hice. Todo el equipo estaba conmigo.

Ascen, mi nutricionista me enseñó todo el conocimiento que me faltaba sobre la comida, el respeto que tengo que tener hacia mí misma y la fuerza que necesitaba para conseguirlo.. Aquellas veces en las que de repente venía a mi cabeza la imagen de una pizza con queso deshecho, le llamábamos «la ola» y me enseñó a vencerla.  Ahora sé, que si esta imagen quiere invadir mis pensamientos puedo recurrir a estrategias como comenzar a contar de 3 en 3 para atrás o irme a la calle para distraerme. 

He incorporado estrategias en mi día a día como comer más despacio —mínimo 20 minutos al día—. Dejo los cubiertos arriba del plato cada vez que me he llevado un bocado a la boca y mastico de manera tranquila, disfrutando. 

A día de hoy me sé toda la teoría, tengo herramientas para relacionarme con la comida desde un punto saludable. Incluso me sé hacer menús si quiero. He aprendido lo importante que es conocernos e identificar las sensaciones que tenemos  dentro, por ejemplo cuando estoy  hinchada o me tiene que venir la regla.También que la importancia no está en la báscula, sino el porcentaje de grasa que tenga y en cómo me sienta. 

Poco a poco, he sido capaz de volver a ser feliz. He recuperado mis ganas de vestirme para verme bien, bailar y de disfrutar. Ahora, han vuelto mis ganas de comerme el mundo y quiero compartir mi energía y felicidad. 

Para mí, Dorsia y Origen no son solo una marca, son personas increíbles que me han hecho sentir como nunca nadie. Me han ayudado a ser la mejor versión de mí. Gracias a ellos he aprendido a entenderme, relajarme y amarme.

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